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La doble cara de Edward Hopper

La doble cara de Edward Hopper

Edward Hopper (1882-1967), fue un pintor estadounidense realista, conocido sobre todo por sus pinturas de personajes solitarios en espacios urbanos normalmente interiores. Se dice que perteneció a la escuela de pintores Aschcan, caracterizados por seguir el estilo y técnica impresionista de la época, pero aportando colores y atmósferas más oscuras, en relación con temas sociales arduos del momento. Esta escuela fue la precursora del realismo social americano, en la que historiadores han introducido el nombre de Hopper, que trataba los temas sociales de este país, pero que a diferencia de los Aschcan, muchos de ellos como Edward, la tintaban de colores vivos e intensos que ayudaban a desdramatizar los problemas. Sus obras más destacadas serían: "Nighthawks", "Automat", y "Soir Bleu".

Hopper viajó a París y pudo conocer a los impresionistas que tanto le influyeron en el momento que se consolidaban los fauvistas, cubistas y abstractos en Europa, así como también aprendió de los colores y la luz de los interiores de Degas, convirtiéndola él, en una luz eléctrica, intensa y fosforescente, a diferencia de los pasteles más tenues de Degas. Otro pintor de referencia para Hopper fue Goya, de quien absorbió el color naïf de la primera época y el color expresionista de tonos cálidos de la segunda. De estas experiencias artísticas supo sintetizar la esencia de todas ellas y crear su propio estilo, surgiendo de ello, una pincelada vital pero a la vez blanda, una yuxtaposición de luces y colores cálidos y fríos, perfeccionismo en la perspectiva y distribución de los espacios casi con un aire metafísico de grandeza, aislamiento y amplitud; y figuras finas de rostros de pincelada expresionista o casi goyesca de los últimos años. Vemos como dominaba la capacidad del contraste, de una habitación iluminada y colorida a una cara perdida y triste; y la capacidad de harmonía, de una entrada de luz crepuscular por la ventana, a la expresión inquieta y curiosa de una mujer asomándose por ella.

"Automat" de 1927, la obra que os muestro a continuación, representa el momento solitario y monótono de un día cualquiera de una joven americana. El "automat" era un restaurante de comida rápida en la que se servían platos simples o bebidas mediante máquinas expendedoras a monedas o billetes. En este cuadro, la chica está sentada en la mesa de uno de estos restaurantes, y a la vez, ella no deja de ser metafóricamente una autómata de los cuadros de Hopper, personajes que aparecen medio vivos, medio mecánicos de mundos alejados, pero que además, no deja de ser una crítica de la realidad del momento, años 20 en Nueva York, ciudad que se abría al capitalismo y a la gran entrada de inmigrantes, cuya identidad de todos ellos quedaba uniformada en una preestablecida sociedad del momento. En las obras de Hopper vemos esta doble cara, la del ensueño plástico y la de la oscura realidad. Vemos en la obra como el espacio del cuadro se engranda con las luces reflejadas en el cristal, un efecto óptico de perspectiva muy audaz, luego vemos la luz eléctrica intensificada por la luz blanca de la mesa, y los colores vivos de los objetos sobre el fondo de la oscura noche.

Sandra Sàrrias, octubre 2017

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