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'Retrato del artista adolescente' de James Joyce, por Sandra Sàrrias

"Retrato del artista adolescente" de James Joyce, por Sandra Sàrrias

James Joyce (1882-1941), fue un escritor irlandés, reconocido mundialmente como uno de los referentes más importantes del siglo XX. Forma parte de la corriente literaria de vanguardia denominada "modernismo anglosajón", junto a los escritores: T.S Eliot, Virginia Woolf, Ezra Pound y Wallace Stevens. Esta época del modernismo que va del 1900 al 1940, está influenciada por los movimientos artísticos contemporáneos europeos, como el surrealismo y el cubismo. La obra de Joyce surge de estas experimentaciones coetáneas a él. Sus obras más representativas serían: "Dublineses" de 1914; "Retrato del artista adolescente" de 1916 y "Ulises" de 1922.

"Retrato del artista adolescente", la obra de la que os hablaré hoy, es una novela semiautobiográfica protagonizada por un joven muy sensible, Stephen Dedalus, que empieza narrando la historia en primera persona, desde su subjetividad racional e imaginaria, reflejo de un vivaz mozo precoz, seguida de un desarrollo profundo de su personalidad vital, intelectual y artística. La obra está partida en cinco capítulos por donde el personaje hace su recorrido de madurez espiritual y moral, en el contexto social de la burguesía irlandesa, dentro de un país fracturado por creencias religiosas, por las que se debate nuestro artista Stephen Dedalus. La obra está enriquecida de monólogos interiores y de diálogos sobre la estética de la vida, dónde el tenue halo del arte nutre las frases y conceptos debatidos, creando una narración llena de poesía, muy acorde con sus escritores análogos del momento.

El amor también se manifiesta en la obra, como concepto sagrado representado en un personaje afín a él, que aparece y desaparece a lo largo de la obra en los momentos más limpios del protagonista, cuando está presente, y cuando cae en el pecado y en la desesperación de la culpa, éste parece desvanecerse en el tiempo. La obra, aunque esté dividida en cinco partes, expone dos partes fundamentales separadas entre ellas por el descubrimiento del pecado en la primera, y por la purificación, en la segunda. Cómo buen escritor, Joyce describe momentos de la primera parte con las características verbales que producen las sensaciones del pecado de la lujuria, la pereza y la gula, que crean un fuerte estremecimiento al lector, y por consiguiente, sigue la parte de la purificación nutrida de elementos de una purgada espiritualidad que embellecen las palabras y las sensaciones al lector. Este traspaso representa un concepto educativo para la sociedad, desde el punto de vista de un chico aprendiz.

Veamos ahora un fragmento del momento posterior a la confesión de Stephen, debida a su gran culpabilidad por haber cometido dichos pecados. Stephen decide confesarse en una capilla externa a su colegio, y una vez liberado, descubre una paz interior que nunca antes había sentido, consigue obtener tranquilidad de consciencia. El fragmento se sitúa en el lugar de su colegio, en unos instantes anteriores a tomar la hostia cristiana.

"Todos los muchachos estaban ya arrodillados en sus sitios. Se arrodilló entre ellos, tímido y feliz. El altar estaba recubierto de masas olorosas de flores blancas. Y, en la luz matinal, las llamas pálidas de los cirios ardían entre las blancas flores, pulcras y silenciosas como su propia alma.

Se arrodilló delante del altar con sus compañeros y sostuvo al par que ellos el paño que descansaba como sobre una balaustrada de manos. Las suyas temblaban y su alma con ellas, mientras el sacerdote iba avanzando de sitio en sitio llevando el copón.

- Corpus Domini nostri.

¿Sería posible? Estaba arrodillado allí, tímido y limpio de pecado. Y sostendría en su lengua la hostia y Dios entraría en su cuerpo purificado.

- In vitam eternam. Amen.

¡Una nueva vida! ¡Una vida de gracia y de virtud y de felicidad! Y lo pasado, pasado.

-Corpus Domini nostri.

La copa sagrada había llegado hasta él."

-Fragmento de la edición de "Planeta" de 1992.

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